El ruido: una tragedia que reúne

Por Maryori Vivas
"Nunca dudes de que un pequeño grupo de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo. De hecho, es lo único que lo ha logrado"
Margaret Mead
Era jueves 24 de septiembre y faltaba poco para la reunión, Haiver Rivera sabía que, en su pueblo San Bernardo, a 74 kilómetros de Pasto, se podía ir la luz y que en su conexión a internet tampoco podía confiar. Empacó maletas y se fue a pasar el fin de semana con unos familiares en la capital nariñense; aunque estaba a más de ochocientos kilómetros, el sábado 27 tenía una cita con Bogotá.
En su pequeño pueblo de menos de diez mil habitantes, es víctima del ruido por un bar que a 40 metros de su casa no lo deja descansar; se integró a la mesa de redacción de Activos X El Ruido en el mes de mayo, pocas semanas después de su creación, para él, ayudar con sus habilidades en tecnología es su manera de luchar.
A más de mil kilómetros de San Bernardo y 583 kilómetros de Bogotá, está Claudia Narváez, quien apoya desde junio a Activos X El Ruido con la parte gráfica y la divulgación. En Villa del Rosario, Norte de Santander, lidera campañas de concientización de control del ruido y lucha, especialmente, por los niños como su hijo de doce años, que también son víctimas. Es muy solidaria en los principales grupos de chat de ruido a nivel nacional, como el de Daniel Carvalho, representante a la Cámara y autor de la Ley contra el ruido; creado en noviembre de 2024 hoy cuenta con 415 miembros.
Ella vive en un municipio de unos ciento dieciséis mil habitantes, y allí es víctima por causa de vecinos ruidosos que le roban la paz. Para ella, la cita del 27 representaba un grito desesperado, de una ciudadanía que cansada de tocar puertas decidió hablar con una sola voz. Su expectativa era clara: que por fin la problemática del ruido dejara de ser minimizada como una “queja vecinal” y se reconociera como un problema de salud pública, de convivencia y de derechos humanos.
Y es que para las víctimas del ruido, todo esto va más allá de una simple afectación. Para ellos se vulneran a diario sus derechos al descanso, a la intimidad, a disfrutar sus viviendas, y por supuesto, a la salud, a vivir en paz.
La exposición constante al ruido no solo puede tener consecuencias negativas en la salud auditiva, además del insomnio y trastornos de sueño, causa ansiedad, depresión, pánico y afecta de manera seria la salud neurológica, inmunológica y cardiovascular; también exacerba el dolor y puede acelerar el fin de la vida. Es factor desencadenante de conflictos sociales, violencia y deterioro de la calidad de vida, como lo ha señalado la Academia Nacional de Medicina. El ruido es un enemigo invisible e invasivo pero para nada inofensivo.
Estos ciudadanos que viven en una tragedia constante debido a la emisión de múltiples fuentes sonoras se mueven entre la frustración, la impotencia y la indignación. Los canales de atención institucional son insuficientes e ineficientes, y terminan en lo que llaman el pimponeo, en el que todas las entidades se echan culpas entre ellas sin que nada se llegue a solucionar. Se presentan querellas ante las alcaldías locales y las inspecciones de convivencia y paz, tutelas y acciones populares, casi con súplica y ruego de que las cosas puedan cambiar.
Por eso, cuando nació en abril pasado Activos X El Ruido, muchos de ellos encontraron un espacio para levantar su voz, para unirse y pasar de la queja a la acción. Esta mesa de redacción se propuso integrar a las víctimas del ruido y visibilizar sus dramas cotidianos, inicialmente por canales digitales y medios de comunicación.
La cita del 27 de septiembre se gestó en una de sus campañas cuatro meses atrás, el 25 de mayo, cuando el #ElRuidoPideAudiencia logró ser tendencia nacional en la red social X, a través de la cual este grupo activo de ciudadanos ha ido reuniendo víctimas de todo el país alrededor de una sola causa: la lucha contra el ruido. El ruido enferma, desplaza y mata, pero también une y reúne alrededor de un objetivo común, conecta más allá de una tragedia. Primero conecta cada caso, su angustia, y luego cada voz.
En su corta vida, este colectivo ciudadano transformado en movimiento social ha registrado más de 300 casos; el 80% de Bogotá y ha liderado campañas digitales y publicaciones sobre este flagelo en los principales medios de comunicación como El Tiempo y El Espectador. Asimismo, ha participado en mesas de trabajo con el Concejo de Bogotá e instituciones distritales, mesas de ruido de varias localidades, encuentros y reportajes digitales. Pocos meses que parecen toda una maratón. En el mes de julio, cuando convocaron a la primera reunión ciudadana, se encontraron sesenta víctimas de 12 localidades de la capital.
Su iniciativa de citar a una audiencia pública encontró eco en el Concejo de Bogotá, y acompañados de ocho de los 45 concejales, de diferentes bancadas y sus equipos, se oficializó la primera Audiencia Pública Distrital contra el ruido convocada por las víctimas, todo un hito para la ciudad; este mecanismo de participación ciudadana les permitiría validar su movimiento social y abriría el espacio para hacer cumplir el artículo 23 de la nueva ley, que establece que los afectados por contaminación acústica deben ser parte de las decisiones que se tomen con relación a las políticas públicas de calidad acústica en todos los espacios.
Los concejales y sus equipos orientaron y acompañaron al movimiento social Activos X El Ruido en la planificación y desarrollo de este evento, y abrieron las puertas del Cabildo Distrital comprometidos a dar visibilidad a este problema de salud pública que vive la ciudad. Mientras usted está leyendo la tragedia no se detiene, afuera está una ciudad que desde la mañana atormenta en las calles y avenidas, y de noche tortura a ciudadanos sin distinción de edad o condición social. Más de mil llamadas diarias por este flagelo no es una cifra que se pueda ignorar.
Ya no se trata solo de quejas: el movimiento social Activos X El Ruido convocaba con un plan de acción y con propuestas para enfrentar una emergencia que afecta la salud, la convivencia, la valorización de la ciudad y que está desplazando a los bogotanos de sus hogares, según registra su comunicado de prensa, publicado en su totalidad, en la página web del Concejo de Bogotá.
Un movimiento social conformado por víctimas del ruido. Talía Osorio es antropóloga y cineasta, desplazada a La Calera por el ruido constante de los extractores de un restaurante que abrieron al lado de su casa en el barrio El Nogal. Ella es la fundadora y directora de comunicaciones.
Catalina Velázquez es ingeniera industrial encargada del análisis de datos; ella es víctima de ruido debido a la población flotante, música de Capoeira de madrugada, boliranas y más, a 50 metros de su casa sobre el Parkway.
Felipe Pardo es ingeniero electrónico y ahora librero, dedicado al apoyo con piezas gráficas y edición digital, es víctima de la proliferación de bares en zona residencial en Villa del Río, en la localidad de Bosa.
Jorge Arias es ingeniero civil y especialista en Sistemas de Información Geográfica, ayuda con mapas, análisis espacial y visualización de datos. El ruido lo desplazó y ahora vive en Zipaquirá.
Juan Carlos Maldonado es economista y presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio Galerías, pero residente en Chía. El ruido de los bares lo sacó de su casa de toda la vida, con su mochila al hombro y montado en Trasmilenio sigue cuidando de su comunidad que sufre con los bares y eventos masivos del Estadio El Campín.
Felipe Jiménez es politólogo y presidente de la Junta de Acción Comunal de Modelia, víctima del ruido por bares ilegales que se tomaron su barrio. Su lucha es por el uso indebido de suelo y licencias que han permitido que, además del ruido, se desvaloricen los inmuebles del sector.
Maryori Vivas es ingeniera industrial, víctima del ruido por un bar que abre de domingo a domingo justo a espaldas de su casa, en la localidad de Puente Aranda, donde ni siquiera un metro la separa de este negocio del que descansó solo en la pandemia.
Están también Andrés Perilla y Efraín Forero, abogados víctimas del ruido por abuso de bares en Engativá y Usaquén, que han aportado en temas jurídicos y sirven de apoyo para la elaboración de las propuestas ciudadanas.
Este equipo después de tanto trabajo, acompañado también por la Personería de Bogotá, estaba listo. No solo aguardaban atentos ciudadanos como Claudia y Haiver, a muchos kilómetros de Bogotá, también se habían registrado 304 ciudadanos de 18 de las 19 localidades urbanas (excepto San Cristóbal) de Bogotá. Se registraron, igualmente, ciudadanos de: Madrid, Soacha, Chía, Facatativá, Tunja, Paipa, Apartadó, Envigado.
La cita del 27 representaba un nuevo encuentro, un nuevo momento para estar unidos, para que las víctimas dejaran de ser solo cifras y sus tragedias tuvieran un rostro y una voz. Así fueron llegando a medio día los organizadores y los ciudadanos a llenar el Recinto Comuneros en el Concejo de Bogotá, la máxima autoridad normativa de la ciudad.
Poco antes habían confirmado la transmisión en vivo por el canal de YouTube, así que Haiver, el de San Bernardo, no había perdido su viaje y estaba conectado y activo, compartiendo el enlace en grupos de chat; más de mil cuatrocientas visitas se registraron al final de la sesión, víctimas reunidas alrededor de esta causa se hacían presentes en el recinto y vía virtual.
Los ciudadanos fueron llegando y llenaron la recepción, todos atentos y expectantes. Llegó Luz Guillermina Sinning, residente de Torres del Parque en el tradicional barrio San Diego, vocera de las víctimas por piques ilegales que de domingo a domingo de 9:00pm a 2:00 am se tomaron la Circunvalar. Viven violencia e intimidación que angustia y desespera, ahora la noche la habitan la ansiedad y el insomnio.
Y también Roxana Sarmiento, vocera de las víctimas del ruido por eventos masivos e indebido uso del suelo. Representa la voz de las familias afectadas en los barrios Salitre El Greco, la Esmeralda y Pablo VI, por el nuevo escenario Vive Claro, a escasos 50 metros de muchas viviendas del sector; y por los eventos sin control acústico del Parque Simón Bolívar. Padecen también el ruido desbordado de decenas de carreras atléticas que se llevan a cabo en las calles de sus barrios.
Y Luis Enrique Gutiérrez, quien llegó a hablar por él y su madre de 80 años con enfermedad cardíaca, pulmonar y ansiedad, él con antecedente oncológico y neuralgia del trigémino, seriamente afectados por el ruido de los vecinos con equipos de sonido con altísimo volumen en la localidad de Bosa. Su madre casi se infarta en diciembre pasado, y a pesar de las querellas nada cambia y ahora teme por represalias en su contra.
Y María Claudia Sánchez, con 22 años de experiencia en la atención domiciliaria y 15 años en las localidades de Barrios Unidos, Teusaquillo, Chapinero y Engativá. No solamente ella es víctima del ruido, también sus pacientes domiciliarios crónicos, geriátricos o de cuidados paliativos y fin de vida, a quienes el abuso del ruido, como los de eventos masivos impacta su sensación dolorosa ampliando la misma y generando mayor efecto en pacientes con sintomatología de difícil manejo.
Y Esmeralda Murcia, bacterióloga y salubrista, vecina de Antonio Nariño y víctima del ruido de un bar frente a su casa y de violencia de género por denunciar; con diagnóstico de depresión, ansiedad, insomnio.
Y Martha Ortiz que denuncia desplazamiento forzado en Modelia (a la cual se refiere como zona de tolerancia) y la depreciación de sus predios. Ella rodeada por 80 bares, perdió el sueño y requiere medicinas para dormir. Pero además siente el abandono de las autoridades y dice que le quitaron la dignidad.
Todos ellos meses atrás no se conocían, pero compartían un mismo dolor. Ese día el ruido los reunía para compartir su testimonio, para no sentirse solos unidos en un solo clamor.
Los ciudadanos se tomaron las curules directivas, eran los anfitriones, con ese imponente óleo de fondo, el de la firma del acta de la Independencia, que ha sido testigo de tantas audiencias, como si en silencio los animara a no detenerse. Una audiencia pública por y para las víctimas del ruido con presencia de ciudadanos de 14 localidades de Bogotá. De los inscritos previamente, no llegaron de Usme, Tunjuelito, Ciudad Bolívar ni Rafael Uribe Uribe.
Después de dos llamados a lista de entidades se confirmó, a pesar de los escépticos, que todas aceptaron la invitación: Secretaría de Salud, de Gobierno, Ambiente, Seguridad y Convivencia, de Movilidad y Planeación. Asistieron como invitados la Secretaría de Cultura y representantes de casi todas las alcaldías locales. También llegó la Policía Metropolitana, las representantes a la Cámara y coautoras de la Ley 2450 de 2025, la Ley contra el ruido, Julia Miranda y Jennifer Pedraza. Poco después, las curules de los concejales se fueron llenando y se inició la sesión, en un recinto con aforo completo, más de 167 personas y otras que llenaban al lado otro salón.
Y se dio comienzo al orden del día, el Bloque Uno con el contexto y magnitud del problema, abrieron con el video “Voces silenciadas por el ruido” editado por Felipe (el librero) a partir de más de 300 casos recopilados en diez días, para dar paso a las palabras del Personero Delegado para la misionalidad, Carlos Guillermo Osorio. Luego la presentación de Activos X El Ruido, su trabajo para llegar a la audiencia, los objetivos y la metodología de la sesión.
Se dio paso a Catalina, con cifras en mano y diapositivas, expuso la realidad de las víctimas. Los números no mienten: El ruido es una de las principales causas de llamadas al 123 y en 4 años menos del 1% de esas llamadas terminaron en comparendo. Las llamadas crecieron a razón de más del 10% entre 2023 y 2024 y más del 24% entre enero y mayo, comparando 2024 con 2025.
La Secretaría de Ambiente solo impuso 32 sanciones por ruido desde 2022 hasta mayo de 2025, en promedio de 3 millones de pesos cada sanción. Hoy solo hay 130 inspectores para todas las querellas, y se anuncian 80 más; pero con más de 20 mil querellas acumuladas, ese refuerzo equivale a tener un balde de agua para apagar un incendio voraz.
Y avanza el desarrollo de la audiencia, el Bloque Dos con los alcances de la Ley 2450 de 2025, se presenta un video de Daniel Carvalho y las intervenciones de Julia Miranda y Jennifer Pedraza. El tercer Bloque con propuestas de cambio de los ciudadanos, para dar paso al corazón de la audiencia, el Bloque Cuatro: Construyendo juntos por Bogotá, en el que intervinieron las entidades citadas, las víctimas y los concejales de la ciudad. Ajustes de último momento, intervenciones que vienen y van. Todas, por supuesto, importantes; para algunos ciudadanos solo cifras sin contexto y lo de siempre. Pero esta no era una audiencia de rendición de cuentas, era propositiva y para dar rostro a las víctimas.
Un par de minutos para la periodista Ana Cristina Restrepo, quien hace un llamado a que entre todos se respeten las normas, a las emisoras a no invitar a subir el volumen, que este es un cambio cultural que requiere educación, e invita a los medios a que cubran las noticias con relación al ruido no como casos de simple intolerancia sino como los casos de violencia que son.
Menciona emisoras tal vez sin saber, lo que una popular emisora de radio que anuncia que se siente diciembre desde septiembre, produce en las víctimas del ruido por su anticipación; los llena de ansiedad y angustia extremas, porque saben que se acerca una fecha de total descontrol y desprotección. Porque el ruido se ha atravesado en sus vidas y se les pega en la piel, los persigue en sus casas donde los tortura sin que haya rincón donde se puedan esconder.
Por falta de tiempo, dos secretarías se quedaron sin hablar, cedieron su espacio a las víctimas y se ofrecieron con sus funcionarios para hablar con los ciudadanos al terminar. Al final unas últimas palabras de Talía, por la reivindicación y la dignidad. Y luego, la foto y el video, el acto simbólico de un minuto de silencio por las víctimas del ruido, las manos tapando los oídos. Todos, incluyendo la Personería de Bogotá y Veeduría Distrital, los acompañaron menos los funcionarios distritales, quienes en silencio dejaron sus manos sin levantar.
De fondo comenzó a sonar un himno por la justicia acústica, #QueElRuidoNoNosCalle, como la campaña que en X los identificó, como las camisetas que llevaban puestas, como el grito de auxilio que los unió. Quedaron las propuestas, compromisos y acuerdos sobre la mesa. Lo más importante fue que las víctimas dejaron de ser solo cifras que contar. Pudieron decirles a todas las entidades distritales y a los concejales, desde Activos X El Ruido, que las leyes sin voluntad política son letra muerta y que las acciones sin empatía solo instrumentalizan su tragedia.
Hacia 5:30pm, la transmisión terminó. Se apagaron las luces, y todos salieron de ese recinto; tal vez, todo fue un simple acto profético en un lugar que debe su nombre al movimiento Comunero: "¡Ni un paso atrás, siempre adelante, y lo que fuere menester, ¡qué sea!". La lucha contra el ruido debe continuar.
Este recinto que ese 27 de septiembre fue testigo de la frustración que sintieron algunos con las intervenciones de las entidades, de cómo Jorge, el de los mapas, corregía por chat lo que decía la delegada de la Secretaría de Planeación, y se lamentaba, junto con Efraín, de no poderla confrontar. Un recinto que vio llegar a algunos en muletas, silla de ruedas, o bastón guía para limitación visual; vio a los que llegaron con carteles para manifestarse, los que se fueron porque el hambre les ganó. Vio a los que grababan, los que tomaban nota, y los que movían esos chats compartiendo comentarios, que prefirieron ese canal a comentar en la transmisión del Concejo y que vio la foto que envió una víctima en el acto simbólico desde otra ciudad.
En YouTube está esa transmisión que Haiver compartió, la que Claudia no se perdió y que a miles reunió, que se encuentra fácilmente como Audiencia Pública contra el Ruido 27/09/2025, en cualquier navegador.
Si las paredes del recinto pudieran hablar, nos contarían de tantos que llegaron venciendo el insomnio, la desesperanza y el dolor, que vieron en sus rostros la impotencia, la angustia y la frustración. Nos clamarían que no dejáramos que nos tomara la ceguera blanca, la de Saramago, que impide ver el sufrimiento ajeno, lo que padece el prójimo.
Nos contarían de cómo en ese lugar que ha sido testigo de tantas promesas incumplidas, esta vez las víctimas del ruido levantaron su voz, que esas cuatro paredes estuvieron atentas, y las escucharon; a unas víctimas que tienen rostro, que buscan dignidad. Unas víctimas que ahora se tienen unas a otras, solo quieren ser dueñas de su silencio y que por fin, puedan volver a disfrutar Bogotá.
“Los débiles no luchan. Los más fuertes quizás luchen una hora. Los que aún son más fuertes, luchan unos años. Pero los más fuertes de todos luchan toda su vida, y éstos son los indispensables”
Bertolt Brecht





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