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MI PRIMERA CLASE DE ESTRUCTURAS

Actualizado: 28 jul 2022

Hace poco me pregunte dónde aprendí y quién me enseñó los primeros conceptos de estructuras. Empecé a recorrer en mi mente los periodos en mi vida para indagar en cuál de estos había recibido mi primera clase sobre construcción. Obviamente empecé por el periodo de mi universidad ubicada en el sector de la candelaria, donde en mis épocas de estudiante de arquitectura llegaba en un transporte público pequeñísimo que tenía el letrero “Biblioteca Luis Ángel Arango/Carrera 4ta” en el cual a duras penas podía meter mi humanidad de 1,82 metros para tratar de no molestar a nadie pero eso sí, escuchando obligado y a todo volumen vallenatos que solo podía esquivar gracias a la ayuda de un walkman Sony que me invadía con algunos clásicos de Rock.

 

En las aulas de la Salle conocí los primeros conceptos de estructuras de la mano de Alberto Barragán un docente ácido, que con sus comentarios sarcásticos y muchas veces hirientes ponía un toque de humor negro a los buenos conocimientos de mecánica de materiales que solo algunos entendíamos (sus notas más altas no pasaban de 2.9 y le encantaba poner esta nota) y que solo pocos disfrutábamos. Sin embargo, no fue esta mi primer acercamiento a las estructuras.


Viajé después en mi mente a mi etapa de estudiante de maestría, en el departamento de Ingeniería estructural del Politécnico de Milán a donde llegaba a recibir 3 horas de clases seguidas después de tomar también un transporte público -esta vez sin vallenatos, pero igual de sucio y afortunadamente con más espacio para mi estatura- en la línea verde de la metropolitana milanesa. En esas mañanas oscuras -donde el sol tan débil y frío del otoño italiano era para mi irreconocible y muy diferente al poderoso sol colombiano- aprendí conceptos nuevos de la mano de -entre otros- Alberto Migliacci, célebre ingeniero italiano del siglo pasado gran entusiasta de la unión de la estadística y la ingeniería civil, que se regocijaba de sus logros y nos hablaba -como un abuelo habla a un niño- de las historias y aventuras de su profesión y de los grandes “gigantes” que tuvo que matar en algunos proyectos dirigidos por él; pero algo me decía que tampoco fue ahí...

Sin embargo, el inconsciente -que lo sabe todo- me llevo a las mañanas frías de la sabana de Bogotá, en los primeros años de la década de los 90’s. me llevó a un viejo bus -con letreros “blue bird” en el respaldo de las sillas- que me transportaba al colegio Refous en cota todas las mañanas a las 7;15 am; el sol también débil y lejano de esa hora se colaba por las ventanas y relajaba mi mente acompañado de la música grunge que salía por mi walkman -también de marca Sony-. Al llegar al colegio todos los alumnos de bachillerato formábamos en frente de un imponente sauce, que hacia mas temerosa la figura de Roland Jeangros, un suizo gigante con corte de cabello militar, que a esa hora se colocaba enfrente del árbol mirando a la masa de 200 alumnos de forma desafiante, dándoles 5 segundos para que dejaran de hablar; luego de estos segundos -y cuando había un absoluto silencio- se persignaba y todos repetíamos un padre nuestro.


Circa 1995
Roland Jeangros y el matematico Georges Papy. Circa 1995

Fue después de uno de esos miles de padres nuestros que repetí en mi adolescencia donde recibí mi primera clase de estructuras: Una mañana fría y nublada nos contó cómo tuvo que tomar la decisión de vender los antiguos terrenos del colegio en Suba, porque el colegio se "hundía", nos informó que estos tenían una pésima resistencia superficial y que los ingenieros consultados le habían dado la opción de pilotar hasta encontrar una mejor base -lo que años después supe que se llama la formación Bogotá y está a 30 metros de profundidad- o colocar pequeños “palos” no tan profundos pero muy cercanos unos de otros -lo que también años después estudié como pilotaje por fricción y se utilizó en un de los proyectos que diseñe en Bogotá-


Para explicar este concepto formó a 5 alumnos juntos -muy pegados unos de los otros- y nos explicó cómo entre más cercanos estuvieran sería mejor para aumentar la resistencia natural del terreno. Luego de esta explicación técnica Jeangros nos contó que tomó la decisión de vender los terrenos a una constructora porque era más fácil y económico construir un colegio en otra parte que mejorar el terreno con los procedimientos anteriormente descritos. Luego con su tradicional sarcasmo, nos comentó que nos decía esto para que se lo contáramos a nuestras familias ya que sabía que muchas “señoras” chismoseaban por el cambio de sede ocurrido en la mitad de los años 80´s. Años después también entendí que la constructora mejoró los terrenos para un proyecto con grandes cargas porque era viable comercialmente y por lo tanto pagaría el procedimiento de cimentación.


Esa fue mi primera clase de estructuras y la recibí del rector del colegio Refous de Cota a y dedico esta nota a su memoria además de agradecer su formación.


Esquema de pilotaje profundo y estructura aporticada en acero




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